Las palabras de los Papas sobre el diablo, un enemigo astuto
En este tiempo cuaresmal, volvemos a proponer algunas palabras de los Pontífices sobre la realidad del demonio, «el tentador por excelencia» que «ha invadido la tierra con el odio». Un enemigo, con el que no se puede dialogar, al que hay que combatir con las «armas espirituales» de la fe. Un pérfido «encantador» que «no puede obstaculizar la construcción del reino de Dios»
Cuaresma es tiempo de conversión, de penitencia, y de reconciliación. Un tiempo para acoger la vida nueva que brota de la Pascua.
Un tiempo propicio para emprender caminos de fe, incluso atravesando desiertos cargados de vacío e incertidumbre, rechazando las tentaciones y los engaños del maligno
Los Pontífices han hablado repetidamente de la realidad del demonio, «pecador desde el principio» y «padre de la mentira».
En el Evangelio de Marcos leemos que «el Espíritu llevó a Jesús al desierto y en el desierto permaneció cuarenta días, tentado por Satanás».
«Incluso en la situación de extrema pobreza y humildad, cuando es tentado por Satanás», Jesús «sigue siendo el Hijo de Dios, el Mesías, el Señor».
En Tierra Santa, al oeste del río Jordán y del oasis de Jericó, se extiende el desierto de Judá, que a través de valles pedregosos, salvando un desnivel de unos mil metros, se eleva hasta Jerusalén.
Después de recibir el bautismo de manos de Juan, Jesús se adentró en aquella soledad guiado por el mismo Espíritu Santo, que había venido sobre Él, consagrándole y revelándole como Hijo de Dios.
En el desierto, lugar de la prueba, como muestra la experiencia del pueblo de Israel, aparece con vivo dramatismo la realidad de la kénosis, del vaciamiento de Cristo, que se despojó de la forma de Dios (cf. Flp 2, 6-7).
Él, que no ha pecado ni puede pecar, se somete a la prueba y, por tanto, puede compadecerse de nuestra flaqueza (cf. Hb 4, 15). Se deja tentar por Satanás, el adversario, que desde el principio se ha opuesto al plan salvífico de Dios para la humanidad.